He quedado con Ailis en la cuarta planta del centro comercial. Llevo al niño conmigo, mientras ella se está mirando un vestido para la comunión de Laurita (su sobrina). Ando distraído entre estantes de juguetes. Los colores distraen al peque. Y de repente la veo allí, a lo lejos a una distancia prudencial, Anel. Rubia, alta, ella. A su lado no hay nadie, ¿va sola? Me fijo en su ropa, en su cuerpo más bien…Joder parezco un obseso sexual (me rio por dentro) Y en lo que fue, en como lo vivimos, en que se terminó y no disfrutamos, no culminamos…
A esas horas la planta no está muy llena así que camina serena, tranquila, ideal para acercarme y darle un susto (vuelvo a reírme por dentro). Y recuerdo en lo bien que nos lo pasamos, en lo ingenua que era, en como me reía con ella por lo inocente que parecía. Pero lo ardiente que se mostraba después, experta en besos retorcidos y calientes…
El niño suelta una especie de quejido y muestra una mueca y lo miro, me mira. Me devuelve a la realidad. Y me lleva al día de la boda con Ailis, al día en que dormimos por primera vez en la casa nueva, al nacimiento del niño…
-¡Cariño! Ya tengo el vestido- Ailis aparece en escena. Nos marchamos. Me giro y miro hacia atrás. Y ella ya no está.
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