“Querida Anel:
Siento la tardanza en escribir. Tras leer tu email me dejas sin palabras. Pero hemos tenido al niño malito y no hemos parado…
Otro día con más tiempo, te contesto como te mereces, guapa.
Un saludo: Angel.”
Anel recibe entusiasmada el email de Angel, una semana después, bastante nerviosa, pues no sabe lo que va a leer. Pero se desilusiona al comprobar la respuesta.
[Ay madre! Yo creo que es mentira lo del niño, que no sabe qué decir y por no decirme que me vaya a paseo, se lo piensa. O tal vez sea verdad, pues se ha tomado la molestia de por lo menos hacerme saber que lo tiene en cuenta. Y ese final…”te contesto como te mereces, guapa”..puffffff que nervios…Qué tonta que estoy]
De repente suena mi móvil y doy un sobre salto. Es mi pareja que está fuera de viaje y me llama para darme las buenas noches.
“¿Diga?”
…….
Y mientras habla con él por teléfono, observa en su bandeja de entrada que le llega otro mensaje nuevo. Y lo abre (sin pensar que podría ser Angel).
Sus ojos se abren como platos y el corazón palpita humeante.
“Hola de nuevo:
..Pero ves pensando donde quedamos para ese café.
Saludos: Angel”
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