Hoy ha llegado mi novio a casa con cara de preocupación y me ha dicho: “ven tengo que contarte algo, siéntate”. Con sonrisa nerviosa y de miedo a la vez, le he preguntado con la mirada, qué pasaba.
Me ha cogido la mano y me ha contado que le han hecho una buena oferta de trabajo, dentro de la empresa, ganando el doble, que le ofrecen casa de lujo, hotel de empresa…vamos un chollo! Pero en el extranjero…en Australia (donde tienen la sede).
En Australia nada más y nada menos!!.
Sin dejarme hablar me ha hecho unos planes increíbles, eso que a él nunca le ha gustado hacer, me ha propuesto miles de planes de pareja, de progreso…de amor.
Y yo, tras varias semanas de desánimo general, no he dicho nada. Solo me he dedicado a sonreír, a imaginar cada cosa de las que me iba contando, a los pros a los contras…
Mi amor se va y quiere que me vaya con él. Es una decisión bastante complicada, teniendo en cuenta que tengo a mi familia y a mi trabajo aquí.
-Cariño, por la peluquería no te preocupes. Con lo que voy a ganar allí, vamos a vivir tan bien que no vas a tener ni que trabajar! Así que hablas con Araceli, la pagas más y que se haga cargo de la peluquería, estará encantada!! Y sobre nuestra casa, yo me encargo.
-No es eso…Pero tengo que asimilarlo!-
-¿No te alegras?-
-Claro que sí-
Y nos fundimos en un abrazo. Y de repente el tiempo se detiene y lo siento, lo siento ahí, dándome calor, abrazándome desde dentro, absorbiendo las dudas y arrancando las raíces de la rutina y el desamor.
“Tengo que escribir un email”
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